La noche en que The Americojones Experience se despidió

Fue un miércoles, por la noche, del 14 de abril la fecha destinada para despedirnos de una banda promesa. La cita programada para disfrutar de un en vivo de The Americojones Experience eran las 20:00 hrs pm, y el sitio que se reservó fue allá en Foro Indie Rocks!, lugar correcto con las personas perfectas, y comida digna de un concierto de rock sonando en su máximo explendor.

Era una noche nublada y el frescor del aire se respiraba enérgicamente, todo indicaba una sola cosa: que era buen momento para poder ver al cuarteto en su última presentación.

Todo pintaba bien, pues cualquiera que pisaba ese suelo ya se sentía en sintonía, aún sin siquiera conocerse. La vibra que todos emanaban era la cruda esperanza de unirse en sintonía con aquella voz que acompañada de distorsión y buen ritmo nos hizo reconocer la fuerza de esta banda.

El reloj marcaba las 20:56 y entre medio de gritos, aplausos y choques de alguna que otra botella de cerveza el cuarteto, que en conjunto marcaban sus designadas notas daba por iniciada su función. Por supuesto, enseguida iniciaron a alzarse aún más las voces para amenizar el momento, y todo explotó cuando la ronca y distorsionada voz de Americo Hollander sobresalía de entre las bocinas. Y aún siendo la primera canción las cabezas de todos comenzaban a moverse enfrente y atrás, y uno que otro rápido movimiento de los pies.

Conforme sonaban con aquellos liberados sonidos musicales de ultratumba, las emociones y la energía de todos los que estábamos presentes se sentían cada vez más fuerte. La música no sólo sonaba en los oídos pues también nuestros cuerpos se veían obligados a moverse acorde a la notas de las guitarras, el bajo y con algunos de los rápidos movimientos que el baterista se encargaba de lanzar al aire. Todos sabíamos que la conexión de nuestra mente y la música nos aferraría a continuar con aquella apología de las drogas y las crisis existenciales que las letras de las canciones que The Americojones Experience se ha encargado de transmitir en su música.

Lo mágico de la noche no podía parar, pues era aquella iluminación la misma que nos hacía creer que estábamos en el lado más pesado y al mismo tiempo más emocional de nuestras vidas. Qué más podíamos esperar de esa noche, el coro de todos era nulo y lo fue, no porque quería cantar sino por la fuerza que la música recorría por el cuerpo de todos, como si el mensaje subliminal de cada canción nos advirtiera con un “no quiero abandonar este cuerpo, necesito moverme de allá para acá y ser tan libre como se me de la gana y mientras nadie me pare, yo no abandonare este cuerpo”. Nadie sabía qué clase de espíritu había gobernado esa noche, lo que sí sabíamos era que The Amerijones Experience eran los maestros, los mismos que invocaron a poseer tanto su música como nuestra mente.

Esa fresca y nublada noche no podría ir mejor, parecía que comenzaban a despedirse, ¿Este podría ser el final? Todos sabíamos que tarde o temprano iba a terminar, sabíamos que sus canciones nos habían hecho tomar el transbordador del viaje de la locura. Son los cuatro los pilotos que se encargan de llevarnos a terminar el vuelo de la desesperación. Y como todos funcionan juntos, la experiencia volvió a mejorar cuando leyeron nuestras mentes para pedirse sí mismos una canción más, ahora sí, esta vez el transbordador iba a seguir el rumbo y si se caían ellos, nos caeríamos juntos. Pero eso sí, nos íbamos a sentir más vivos que muertos cuando comenzaron a tocar ‘Viva la muerte’. Esta vez, habíamos olvidado que fuera del recinto existía la vida y con ella las responsabilidades. Por supuesto, éramos una bola de rezagados que anhelabamos quedarnos ahí, aún sin saber si el cielo o el infierno, deseamos movernos y sacudirnos al son de cada riff, aún yendo en contra de la autoridad que existía ahí, las mesas también fueron. Pero como todo lo bueno tiene un que terminar, la noche nos avisaba que ya era momento de despedirnos y con ella, los mismos The Americojones Experience; quienes además de alivianarse un rato con su propia música, agradecían a todos los que estábamos ahí de ser parte de su despedida.

Esperemos que no sea un “adios por siempre”, y que sea la muerte la que nos separe. Éxito siempre The Americojones Experience.

The Americojones Experience por Isaac Ortega

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