Lo que deseamos escuchar de Ska-P en el Palacio de los Deportes

Además de armarla en grande con un slam al compás de “El vals del obrero”, lo cual esperamos atestiguar durante su arribo al Palacio de los Deportes el próximo 25 de enero, muchos de nosotros sabemos que será la ocasión perfecta para conocer de viva voz su última placa discográfica, Game Over, que si bien para algunos ha pasado desapercibido, para los melómanos se trata de la confirmación de una banda que en los años venideros podremos llamar de culto por su propuesta descarada e irreverente frente a una época en la que todo acto de desacato y sumisión es considerado políticamente incorrecto.

SKA P

Sin duda, cada uno de 7 miembros que aún forman parte de la agrupación continúan resistiendo entre la apabullante movida del repertorio pop que insiste en la ilusoria idea de que el nuestro es un colorido mundo cuyo imperio del amor romántico es la única realidad de un mundo que para nada es lindo y ni estable. En efecto, Ska-P continúa fiel al mismo espíritu  que los vio nacer, de rechazo a un orden sistemático que para nada representaba los intereses de esa generación de jóvenes de los años noventa, tanto en España como en Hispanoamérica, que sabían que era posible precipitar el término de los regímenes militares y las imposiciones de los Estados represores.

Es por ello que con su último trabajo, Game Over, los madrileños aún conectan con los ideales de una parte de esta camada de jóvenes que no se reconocen en el ámbito del mainstream imperante en las listas de Spotify, sino que se mantienen al margen escuchando el rock anterior al nuevo milenio y descubriendo que el movimiento punk se ha manteniendo en pequeños nichos resistiendo el embate de cada moda pasajera cada vez más en sintonía con la idea de que la uniformidad en el ámbito musical es lo que garantiza el ‘buen gusto’.

También aguardamos y creemos en la necesidad de volver, por un lado, a las arengas de hace 15 y 25 años como“!Que corra la voz!” o “Planeta Eskoria” que escuchamos siendo unos adolescentes con ganas de ser tomados en serio.

Insisto, nos hace falta la sacudida de Ska-P para no olvidar que poner el dedo en la llaga de los problemas sistemáticos de nuestros pueblos y ciudades (al denunciar los mecanismos que alienan la mente del ser humano del sistema imperante) es un acto necesario para sabernos diferentes y que todavía hay músicos que hacen música para combatir el tedio y la monotonía mediáticas.

La apuesta está en rolas como “No volveré a hacer más” que reafirman los momentos de brillantez de su mejor época. Se trata de una canción bailable y alegre que retoma la fórmula de éxitos anteriores es cierto, pero de la que destaca su discurso como el resto sus canciones hermanas: “Cruz, oro y sangre” “Jaque al rey” o “Adoctrinados”.

El beneficio de la duda se lo otorgamos a Ska-P porque a pesar de estar rucones y hacer una música, que muchos consideran para chavos, conservan el alma y los ánimos de hacer las cosas diferente que ya quisiéramos ver en las bandas emergentes que después de todo nada nuevo tienen que ofrecer.

 

 

 

 

 

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